Guiñolillo en la Plaza de las Monjas, grupos republicanos reclamando –en su derecho más absoluto—la vuelta de la tortilla formal, la tercera fuga de la monarquía y la consiguiente tercera proclamación de la República. Y frente a ellos –ya de por sí bastante escasos–, un grupito nostálgico de la dictadura, bobos de guardarropía, ‘basca’ mal informada a la que sus mentores se les ha olvidado instruir en lo que fue una constante en el ambiente fascista español durante medio siglo: el antimonarquismo radical y su consecuencia, el republicanismo (“sindical”, apellidaban ellos). Nada con sifón, en consecuencia, ni por una parte ni por la otra, aparte de cuatro “grises” reconvertidos a los que bastó una reconvención administrativa para enviar de vuelta a casa a los de la “revolución pendiente”. Aquí todo el mundo tiene una revolución por hacer, pero la verdad es que, a la hora de los disturbios, no quedan más que cuatro gatos por bando.

1 Comentario

  1. He esperado esta mañana con impaciencia el artículo que nos pusiera sobre el empedrado ante la inverosimil calificación de los territorios españoles en la jerga jurídica.
    Como siempre, la sutil ironía no oculta la inteligente diana en un problema que renace como los rosales cada primavera (¿o son los cardos?)

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