Bill Gates anda por Europa tratando de encauzar de una vez su proyecto filantrópico que ya no consiste en un gesto plutócrata hacia la beneficencia –ese evergetismo tan americano—sino en una revolucionaria propuesta que se mide de tú a tú con los Estados y va de interlocutor del G20. Gates ve crecer su iniciativa del club de multimillonarios benefactores al que, junto con su compadre Warren Buffet, se han unido ya más de medio centenar de entusiastas dispuestos, según dicen, a deshacerse cada uno de ellos de la mitad de sus respectivas fortunas para entregarlas a la buena causa. La salud y la agricultura tercermundista serían, en principio, los beneficiarios de este proyecto caritativo que invierte en esos sectores no menos de dos milliardos de dólares anuales, pero aspira a consensuar su acción con la de unos Estados a los que la crisis ha convertido cada día en más cicateros. Gates asegura que de los 54 milliardos de dólares que posee sólo dejará diez millones de dólares a cada uno de sus tres hijos, y un poco en esa línea de opulento franciscanismo aparecen ya junto a él en esa foto magnánima personajes como el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, el hotelero Hilton o el cineasta Georges Lucas, empeñados todos en librar al planeta de sus lacras más denigrantes. Algo nuevo en la crónica occidental, que sobrepasa con mucho el listón del mecenazgo tradicional para plantear a la sociedad política un vehemente desafío desde una sociedad civil que, por sorpresa, parece haber liberado la componente evangélica que actúa en nuestra civilización, contra lo que digan sus detractores, como una idea-fuerza de primera magnitud.

¡Los ricos salvando al mundo, la plutocracia convertida en la esperanza de la legión famélica! No cabe duda de que el milenio nos tenía guardada esta sorpresa que aún no sabemos que podrá dar de sí pero que ya apunta como un hecho espectacular en la historia de la explotación humana. Es tal vez el ocaso de Hobbes y el orto –bien que invertido—del “reino feliz” prometido por Marx. Ahora resulta que la utopía debía escribirse con letras doradas.Y una hipótesis estupenda: que el entusiasmo por la filantropía es más propio de los países en los que predominan las fortunas de primera generación que en los que funcionan atados a la rueda de la herencia. Veremos, no obstante, qué es lo que acaba saliendo de esa apuesta inédita de los ricos a favor de los pobres, pero reconozcamos que sólo su enunciado revoluciona nuestra secular expectativa. La nobleza no es nada, la fortuna lo es todo: el oro eleva a la cima al hombre más despreciable. No seré yo, y menos en este momento, quien le discuta esta idea a Eurípides.

5 Comentarios

  1. Los ricos podrían resolver el porblema de la pobreza. Los ricos jamás resolverán el problema de la pobreza.

  2. La caridad está desacreditada, lo han conseguido así entre el pensamiento utópico y la bobería generalizada. Pero en España, hoy mismo, si no fuera por la caridad no sabemos qué sería de miles de personas hoy acogidas a ella. La asistencia universal del Estado también ha sido un fracaso, en todos los países, incluso en los más acaudalados. Lo que no supone menospreciar la iniciativa de Gates y sus amigos. Que pueden hacer mucho es algo que no cabe dudar.

  3. El mexenazgo es muy importante, la solidaridda aún más. No debemos tomar a broma (cero que la columna no lo hace) el gesto de esos millonarios dispuestos a tanto desprendimiento, porque con esas «migajas», que no son tales, se podrían arreglar infinidad de problemas en el mundo. Imaginen si la Iglesia Católica diera un paso en esa dirección, o yua puestos a citar, otras potencias económicas como los mormones.

  4. Me gustará ver en qué acaba el proyecto, cuánto ganan (desgravaciones fiscales, etc.) los prometedores, quién se lleva la tajada. ¡No querrán también «gobernar» de hecho ellos allí donde sean los paganos! Aunque es verdad que el Estado como tal está tan desacreditado como las oenegés.

  5. Estoy más bien con don Raspa que con don Docente. A partir de ciertas cifras me parece indecente hablar de generosidad.¿Qué más la importa a Bill Gates tener un millardo más o seis menos? Supongo que todo lo que ha soñado tener y hacer lo ha conseguido, para él y para su familia.
    Lo que veo es que esta gente lo que quiere es seguir moviendo millones, y jugar al monopoly. Estoy por apostar en que es una manera más retorcida de ganar dinero y hacer que los países ayudados dependan aun más de las dádivas millonarias.
    Tengo mucho más confianza en Cáritas que en esta gente.
    Besos a todos..

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