Las presuntas facturas falsas del Ayuntamiento de Baena, del de El Egido, del de Sevilla capital, los mangazos en los de Marbella o Estepona, las liberalidades autocomplacientes de la propia Cámara de Cuentas, la hazaña de la administradora judicial del “caso Malaya” desviando una fortuna de las cuentas del factótum Roca a la suyas particulares. ¿Qué va a ser de unos consistorios en plena ruina que encima se ven corrompidos hasta el tuétano en infinidad de casos (mayores y menores), el día en que estalle esa otra burbuja? Me cuenta un gran artista que los Ayuntamientos que contratan su espectáculo no sólo no le pagan lo convenido sino que se apropian la taquilla. Estamos sobre otro barril de pólvora y la Junta no es capaz siquiera de poner las bases legales imprescindibles para conjurar la amenaza.

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