No ha habido un resultado electoral en la crónica de nuestra autonomía tan demoledor como el presente. No se trata quizá tanto del éxito descomunal del nuevo liderato como de la manifiesta descomposición de las “once Izquierdas” víctimas de su propia autofagia. Oír las bobadas solemnes que los fracasados están brindándonos demuestra que la dolencia interna que les ha provocado su ruina sigue tan activa que permite augurar una larga travesía del desierto mientras el optimismo abona a ojos vista un nuevo liderato al que ya se alude –con escasísima prudencia—incluso como “califato”. La sorpresa ha dejado a todos –incluso a los vencedores—sumidos en una perplejidad que parece anular su capacidad reflexiva cuando no ha dejado en evidencia el más alarmante desconcierto. A un futuro prometedor se resiste un partidismo en crisis profunda. Juanma lo tiene tan complicado o más que lo tuvo en su día Escuredo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.