Crudo lo tienen los nuevos gestores de Canal Sur –“la nuestra” que, en realidad, era de ellos— al enfrentar la reforma de lo que se han encontrado. Ellos reconocen que con los criterios de una empresa privada, Canal Sur no habría logrado mantenerse, y cuentan no acaban sobre una situación que, aunque haya enriquecido probablemente a más de uno, ha llevado el proyecto a la ruina financiera el tiempo que perdía audiencia a chorros. En la radio ya está en marcha un zafarrancho considerable mientras se estudia replantear a fondo la tele. Ya veremos, porque las resistencias internas no son despreciables. No se sanean tantos decenios desordenados en un pis pas, pero hay indicios importantes que permiten abrigar la esperanza de un final razonable. Fracasó la radiotelevisión de partido; habrá que rehacer con tacto una que no lo sea.

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