Otra vez la foto indeseable, la pésima imagen de Andalucía difundida por toda España: dos Presidentes en el banquillo. Nadie va a salir ileso de este pleito, pero menos que nadie ese sujeto colectivo que ha tenido que soportar tan inacabable proceso. Una opinión escindida pide rigores, por un lado, y otra lamenta por adelantado una impunidad improbable. Y de eso son responsables tanto los acusadores como los acusados: éstos por su irresponsable empeño en negar la evidencia, y aquellos por su obsesión inculpatoria. ¿No hubiera sido mejor para todos –¡para todos!— abreviar el daño irreparable del escándalo en busca del bien común antes que el daño del adversario? Si alguna vez llegan a comprenderlo, unos y otros, ya será, sin duda, demasiado tarde.

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