Batimos de nuevo el récord en las cifras de la pandemia. De un día para otro, pasamos de un discreto optimismo al susto de los centros saturados. Sonríen ahora irónicos quienes recuerdan la sonrisa guasona de Sánchez al escuchar el pronóstico de las 50.000 víctimas que se le hizo en al Congreso y que, lamentable pero irreversiblemente, ya están ahí. Cabe la sensación de que ni el Gobierno ni el gentío acaban de aceptar la gravedad de esta tragedia a pesar de la rotundidad de las evidencias. ¿No anuncia aquel a bombo y platillo una vuelta al cole que cualquiera sabe si permitirán las circunstancias? ¿Y no prodiga éste su atolondrado entusiasmo en fiestas y hasta en ejercicios negativistas? El medio año padecido no ha bastado, por lo visto, para abrirnos los ojos.

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