Ni siquiera en la “nueva normalidad” cesan los “rebrotes”, géiseres de una memoria colectiva que parece velar por la especie. En la costa, ya ven el alarmante resultado de una recobrada libertad que en los viejos tiempos se habría considerado “libertinaje”, réplica del instinto frente a la razón, triunfo de la “phisis” sobre el “nomos”. Y en los Juzgados, nuevas denuncias de viejas corrupciones, como esa del mangazo de ¡7 millones 7! perpetrado por los “sindicatos de clase” con el imprescindible y comprobado auxilio del “régimen” de doña Susana. Se confirma que ninguna peste provocó la enmienda moral –sostienen los historiadores y a la vista va estando de nuevo–, que no aprende el hombre a evitar la piedra tropezona. O quizá sí, ya se verá. La esperanza es lo último que debe pederse.

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