¿Va en serio el plante del alcalde de Almonte, Francisco Bella, sus zurriagazos a la Administración autónoma que gestiona su propio partido, sus inequívocas críticas a los manijeros de Doñana y hasta su leña a los científicos del Parque Nacional, sin contar el rechazo de la famosa valla perimetral que ha hecho que los guasas llamen “Nuevo Guantánamo” a Doñana? ¿O se trata de un reparto de papeles según el cual a Bella le tocaría entretener al personal durante las aburridas calendas del ferragosto, lo mismo cuestionando la sacralizada política de protección del lince que prometiendo mano de hierro en el urbanismo de la costa? No lo sé, pero así empezó el singular alcalde Rafael en Ayamonte y ya vieron el desenlace. Lo que está claro es que ese alcalde del PSOE pone a parir a la Junta a la que acusa de obrar sin pedir siquiera permisos municipales o de adoptar medidas que, a su juicio, no tienen sentido. El tiempo dirá. Si acaba en el tejado es que iba en serio; si no le ocurre nada es que anda tocando el violón.

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