La Junta de Andalucía –única cliente española de los laboratorios farmacéuticos baratos– es la inventora del ahorro a base de fármacos dudosos. Cada día hay más pacientes –¡y tan pacientes!– que rechazan los “genéricos” que les ofrece la autonomía y deciden pagar a tocateja los que necesita por consejo de los facultativos. ¿No se sabrá nunca qué hay de verdad y qué de exageración en la difundida opinión de que la Junta ahorra a costa de la salud pública? Mala época para hipocondríacos ésta en que acaso no se aclare nunca qué es lo que mueve a esos laboratorios tercermundistas a negociar con nuestra salud a bajo precio y pagar encima las multas que les caen por desabastecer las boticas.

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