Va siendo ya incontrovertible, si no la teoría de la “segunda ola”, al menos una evidencia de la energía viral que obliga a aceptar la procedencia de un repliegue estratégico. Con mascarilla hasta en la playa resulta difícil discutir esa lamentable realidad que debe mucho a la inconsciencia de un sector social bastante más amplio que lo que la cortesía crítica parece dispuesta a reconocer. Habrá que aceptar con realismo el asunto y disponer el ánimo a una disciplina que la autoridad ni debe ni puede evitar. Por lo demás, sobran indicios de que el ferragosto va a dar de sí un reajuste en la cúpula de la política autonómica que permita adoptar el actual proyecto a unas circunstancias cuyo cambio tampoco es posible seguir disimulando. Todos, pues, peatones y mandamases, habremos de aceptar todavía mudanzas y novedades. La política exige una inteligencia pragmática y hacia ella vamos.

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