Menos mal que hay materia para dar y tomar en titulares, con el peruanazo del indígena de izquierda y el empate italiano, pero en París se vive la sensación colectiva de que la marcha atrás del Gobierno en el negocio del “primer contrato” ha supuesto no sólo un tiro decisivo en el ala del “premier”, sino una auténtica “crisis de régimen”. Con muchos beneficiados, eso sí, junto a los estudiantes reinventados como fuerza social, a saber, un tal Sarkozy, callado como un zorro, que ve al fin como le quitan de encima al guapo de la película; unos sindicatos en los que no creían ni sus secretarias que de pronto se han envuelto en la bandera roja a ver cual es la próxima que cae; una extrema derecha que se frota las manos ante la debilidad política; y en fin, una izquierda (sobre todo un PSF) rota en veinte pedazos (los contaba alguien ayer en un “rebond”) que siente como si la hubieran zurcido con un pespunte tan provisional como efectivo.¡Un milagro que no estaba previsto ni mucho menos, el comienzo de algo que nadie tiene repajolera idea de qué pueda ser ni dónde pueda acabar! Pero ¿está bien o no lo está dar el brazo a torcer cuando la resistencia social es fuerte? Ese dilema rebulle bajo la superficie del gran debate, enfrentando a los partisanos del “prestigio del poder” y la leña a todo trance, con quienes juiciosamente creen que cuando una cosa no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. El famoso ‘CPE’, mismamente, estaba claro que no podía ser, se le hagan a los coaligados las críticas que se quieran. Hay sin embargo una cuestión que tampoco se silencia: ¿cual es el límite razonable de la resistencia y, por el reverso de la cuestión, dónde y cuándo deben los poderes reales ceder ante la exigencia de la opinión? Hay mucha gente contenta esta mañana en Francia, pero ya veremos que nos cuentan unos y otros dentro de un par de años si la cosa sigue como va, que no va nada bien, todo hay que decirlo. Da cierta pena el cabezón de Villepin, a pesar de todo, si se piensa en las innumerables demandas de flexibilización que le vienen haciendo desde hace tiempo y desde todas las direcciones.

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Grave cuestión, la del equilibrio entre la prudencia y la determinación en un político, grave y espinosa. Nadie le había pedido a ZP organizar la trifulca catalana (ya saben lo de la indiferencia de la opinión en las encuestas) y su obcecación, aunque haya sido producto de la necesidad, le ha catapultado, al menos de momento. A Villepin le venían pidiendo ese contrato –con sus variantes, claro está—tirios y troyanos, y ha sido sacarlo a la luz y caerle encima la del tigre. No le ha dado resultado el apotegma céltico de Cela: “El que resiste, gana”. Qué va. Más le hubiera valido ceder a calzón quitado a las exigencias estudiantiles –una nadería en sus comienzos—que ese numantinismo suicida que ha fortalecido a Sarkozy aunque probablemente haya debilitado a la República, que aquí sigue siendo una cosa bastante sería. Para manejar con tiento el amonal de los cambios hay que tener la mano fría de Tayllerand o la garra enguantada de Fouché: en democracia moderna, más vale no menearse. Regla improvisada: si en dictadura la resistencia es necesaria para acabar con el “régimen”, en democracia lo es para mantenerlo vivo y en forma. No sabemos, por ejemplo, qué habría ocurrido en España si ante la brutal reforma laboral de González, se le llega a enfrentar unido como una piña tres cuartos de país en lugar de pasarse cuatro años despotricando contra el “trabajo basura”. Ni lo que habría sido de España (ya casi tienta hablar de ella en pasado) de oponerse a la exigencia separatista y la ambición del Gobierno, con una oposición semejante. Sí sé lo que aquí ha ocurrido tras el zarpazo resistente: “rien de rien”, nasti de plasti. Al menos de momento, porque hay quien dice que ahora la resistencia irá a más. Veremos, De momento, a algunos nos resulta imposible contemplar este jacobino París primaveral sin una migaja de nostalgia por lo que pudo haber sido y no fue.

1 Comentario

  1. Siento que el patrón diserte sobre Francia y sus gayumbos en los tobillos -éso está muy bien y que los disfrute, fraterno JA- y una se limite al juego raso de lo que ocurre por debajo de los Pirineos, o Despeñaperros propiamente.

    Resulta que los jueves entre otros días, me paso a echar un cigarrito -ninguno de los dos fumamos hace ya tiempo- con mi quiosquero y busco siempre lo primero el cuadernillo que EM dedica a esta patria, huy lo que he dicho, chica donde el sol nos ve salir cada mañana. Los dos coincidimos y nos estupefactamos con lo mismo: el cuadernillo trae cuatro páginas de información, casi dos de publicidad, una a página entera, y doce, DOCE, dedicadas a la semana llamada santa.

    Muchas veces se nos pide respeto con las creencias del prójimo, incluso Blandiblú el de los mofletes caídos se nos dejó caer con aquella patochada de la alianza, y un mojón añado, de civilizaciones. Pero ¿qué pasa con los laicos, con los no creyentes, o simplememte con aquellos que consideramos que si hay comunicación personal con Algo que no sabemos muy bien lo que es, ésta debe hacerse en el sosiego y el retiro de la intimidad? ¿Quién nos respeta nuestro derecho a no soportar tanta mascarada? ¿Por qué se nos obliga a la reclusión forzosa en nuestros hogares para no resbalar en la cera derretida cada mañana o a cerrar nuestras ventanas para no atufarnos con tanta monserga?

    Sé que estoy molestando a quienes de verdad creen, o creen creer, en el dios de Abraham, luego de Moisés, luego del Cristo, pero también del que luego se tomó por su cuenta la herencia y nos escribió ese Corán que ordena cortar la mano al ladrón, lapidar a la adúltera, colgar al que se descuide o vilipendiar permanente, implacablemente, a la mitad del género humano, esto es a las mujeres a las que rebanan el clítoris o valoran justo en la mitad que el varón.

    Que me disculpen estos que creen o que creen creer, que abundadndo en la Biblia, pineso que no superan el diez por ciento, y ese dios al que pasean a caballito, al que hacen tantas mojigangas y carantoñas, tal vez un día se manifieste y haga llover azufre y ceniza, ¿Chernóbil, cuántos chernobil?, y el puto planeta ácido se vaya al guano de la esterilidad y la no vida.

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