En mi opinión es una suerte que se haya dejado de hablar de la famosa “alianza de civilizaciones”. No es la primera vez que expongo aquí, contra de ese absurdo proyecto, mi argumento de que culturas hay el ciento y la madre pero civilizaciones no hay actualmente más que una y es la engendrada en Occidente durante siglos, inspirada a medias por el clasicismo mediterráneo y por el influjo evangélico. No tienen más que constatar la inmensa distancia que hay entre su visión moral y la nuestra. Por ejemplo, una chica sudanesa, Amira Osman Hamed, acaba de ser condenada a recibir cuarenta latigazos por haber llevado una “indumentaria indecente” aunque, en realidad, lo que hizo fue negarse a cubrirse el rostro con el velo tal como le fue demandado en la calle. Amira –por la que estos días recoge firmas por medio mundo Amnistía Internacional—ya hubo de pagar una multa elevada por el simple hecho de llevar pantalones, dado que el delito antes entrecomillado está en el Código Penal sudanés pero su libre interpretación corresponde a jueces y policías. Y el hecho coincide con la prédica en una mezquita de Ceuta en la que se pide a las mujeres que rechacen las leyes que sancionan a los maltratadores: que se divorcien (si pueden) e incluso que pidan a la policía que disuada al marido maltratador pero que, en modo alguno, admitan el castigo de éste porque resultaría un “castigo injusto”. Teniendo en Cuenta que Ceuta es todavía España y, por consiguiente, Europa, me siento más cerca de Samuel Huntington que de Zapatero y sus no tan “jóvenes turcos”: lo que hay en este momento histórico entre esas culturas diferentes y la nuestra es un conflicto y no una posibilidad de alianza.

Yerran los defensores del islamismo cuando ven en objeciones como ésta un desprecio o un ataque a sus creencias, alegando el carácter incidental de los choques entre ambas concepciones del mundo o, incluso, los “explican” en función de ciertas relaciones injustas. Antier como quien dice, y por enésima vez, decenas de cristianos fueron liquidados en una iglesia egipcia por suicidas sunníes y los mismo ha ocurrido antes en Nigeria, Pakistán o India por motivos estrictamente religiosos. Pretender aliarse con países o pueblos en estas circunstancias resulta obvio que es ilusorio, por más que la creciente polarización aconseje explorar cualquier acceso a una paz que tiene que basarse en una garantía previa hoy día inimaginable.

9 Comentarios

  1. ¿Han caracoleado por la última de Julia Navarro (***), “Dispara, yo ya estoy muerto”? Confieso no haber sido capaz de pasar de la pag. 70, aunque el intento de acercarse a las posturas de los dos irreconciliables que conviven (?) en Tierra Sagrada pueda ser loable. Agua y aceite, imposible emulsión.

    Lo cierto es que, como aquí si no me equivoco, prevalecen los más desaforados, los más fanáticos.

    (***) Alguna vez leí que la entonces niña de Yale, fue la primera en darle cuartelillo a “War, el Canijo” cuando llegó a los madriles. Que le regaló la famosa chaqueta de tweed, que él consideraba talismán en su primeros mítines. Según vecindonas, costó 80.000 pelas de los setenta. ¿Alguien me corroboraría alguno de los datos anteriores? (No sé si se lo leí a A. G. “Guerrita”, como lo llamaba Glez y que fue director de El Socialista, antes de hacerse médico y frustrado divulgador televisivo?)

  2. Es de agradecer que se aireen casos como el comentado, verdaderas lacras de la Humanidad entera, que ponen de manifiesto las diferencias de fondo que separan a esas “civilizaciones que, como muy finamente aclara el autor, no son tales, sino “culturas”.

  3. Esa es idea zapateril y cosa de Erdogán, su único aliado, cosa olvidada ya por absurda. También se sumó un presi de la ONU igual de oscuro. Pero los proyectos de esa envergadura o tienen un fundamento grande o están condenados al fracaso. El caso de la mujer que se comenta es tremendo y no deja lugar a dudas.

  4. Esas ideas, “ocurrencias” como suele decir don ja, crecen impulsadas por la propaganda pero en poco tiempo se agostan y mueren o, simplemente, nadie vuelve a oír hablar de ellas. Huntington tenía bastante razón cuando habló del conflicto de civilizaciones aunque yo le haría el mismo matiz que el columnista le hace a los de la “alianza”: son culturas, no civilizaciones.
    El ejemplo de la muchacha, tremendo. Alabo el interés y la insistencia de jagm en de denunciar estas atrocidades que parece que ya han dejado de interesar a los medios occidentales.

  5. No tiene vuelta de hoja: a países como Sudán y semejantes, habría que tratar de integrarlos, a ser posible sin destruir sus fundamentos tradicionales en lo que estos tengan de positivo. Pero una cosa es eso y otra “aliarse” con ellos, es decir, no sólo ponerlos en pie de igualdad con los países altamente civilizados, sino aceptarlos de igual a igual, algo que parece elemental pero que no lo es si tenemos en cuenta su realidad. Creo que la columna de hoy ilumina bien lo que trato de decir. Creo también que esa “fantasía zapateril”, pura estrategia desnortada, no significa ya nada para nadie con sentido común y quizá no lo haya significado nunca.

  6. Nuestra noción del Derecho es tan distinta de estas modalidades como lo es nuestra concepción del Hombre (incluida, claro está, la Mujer). Vivir en la Edad Media no es compatible con los afanes del siglo XXI, lo que no quiere significar que este siglo nuestro sea una maravilla: en España, en lo que va de año, casi alcanza la cincuentena el número de mujeres sacrificadas por sus parejas. ¿Con qué cara le llamamos la atención a otros…?

  7. Tengo que refrenarme hoy; es mejor callar cuando se está airada. Gracias a jagm por insistir en divulgar estas atrocidades.

  8. La verdad es que de esa “alianza” apenas se ha hablado más que en España y en Turquía, y que ni siquiera la presencia en sus manejos de aquel jefazo de la ONU valió para nada, como era de esperar. Amigo José Antonio, a veces lo obvio es muy interesante. Hoy lo demuestras.

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