La crónica del juez Serrano da para mucho pensar. Su renuncia a su escaño y, con él, a todos sus privilegios, vuelve a situarlo en titulares, no dudo que con la misma inconsideración que en las anteriores ocasiones. ¿Quién en su lugar hubiera salido indemne del linchamiento que favoreció su expulsión del cuerpo, y quién hubiera conservado frío el criterio durante el calvario que precedió a su tardía rehabilitación? Él tiene que defender ahora su causa ante las graves imputaciones que se le hacen, pero justo es reconocer que casos como el suyo desacreditan, más que al justiciable, a esa Justicia que carga más dura contra un juez incómodo que contra el narco consumado, el terrorista contumaz o el rebelde rompepatrias. Y aparte de todo, ¿recuerdan muchos casos como el suyo de renuncia al cortafuegos político? Yo no.

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