La Mesa de la Ría –esa manifestación ‘espontánea’ de la ‘sociedad civil’ y demás—se ha quitado, por fin, la careta para dejar claro que lo buscan sus manijeros, desde el arquitecto Vázquez Hierro hasta el descolocado Manolo Rodríguez pasando por un par de docenas de paracaidistas sin méritos conocidos, es aprovechar el tirón electoralmente y hacer un partidillo competitivo utilizando la ferralla dialéctica del lío urdido en torno a la central de Endesa. No eran, pues, los intereses de los ciudadanos ni quién tal lo pensó, sino el podio sobre el que saltar a la política un grupo de aficionados con más ganas que experiencia y, desde luego, con mucha más ambición que lealtad. Veremos quién financia la aventura –¿algún colegio profesional, acaso el propio PSOE?—y qué caso hacen los onubenses a estos oportunistas que han traicionado hasta a su propia Asamblea, que dejó bien claro en su día que nada de aventuras políticas. Hay protagonismos que matan pero también los hay que hacen perder la vergüenza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.