El debate de Canal Sur sobre el Estatuto ha resultado un partido de segunda: ni uno de los líderes de partido estuvieron ante las cámaras como consecuencia de la rajada del presidente Chaves, que no quiere verse en directo ni muerto. Y se comprende. Se pueden predicar las bondades de este Estatuto muñido a cencerros tapados, pero no debe de resultar fácil defenderlo ni siquiera contando con una aplastante mayoría de palmeros. Ahí tienen a Chaves quitándose de en medio y a los demás aprovechando el tirón, porque no les quepa duda de que para todos es más fácil el silencio que lo serían las difíciles, acaso imposibles razones. Si el Estatuto fuera un bombazo para la autonomía Chaves hubiera estado en ese debate llevando la voz cantante. Si se oculta tras la cortina, por algo será, y ese algo no es otra cosa que la dificultad que presenta la defensa de ese texto y de sus circunstancias. La jindama de Chaves le ha venido de miedo a los demás, por supuesto. Pero es él quien ha corrido más deprisa huyendo de la quema.

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