El ministro de Exteriores, o sea, el Gobierno, acaba de pedir a la UE que retire sus embajadores de Honduras como respuesta democrática al discutible golpe de Estado que ha sufrido aquel país. El ministro de Exteriores, o sea, el Gobierno, anda organizando en Guinea un homenaje rendido a un golpista dictador que se ha perpetuado en el poder y que alardea de su condición de “dictador” sin el menor recato. Hay, como se ve, golpistas y golpistas, tiranos y tiranos, y es obvio que los Gobiernos distinguen entre ellos según criterios propios que, en última instancia, se reducen al dinero, en cuanto existen perspectivas de negocio, pero no hay que olvidar, por otro lado, que la política española en Guinea estuvo tradicionalmente condicionada por el negocio político –incluso cuando el mantenimiento de la colonia constituía una auténtica ruina para la metrópolis–, un negocio en el que tomaron parte desde el almirante Carrero hasta alguno de los líderes más conspicuos de la Transición a la democracia que, ya en tiempos del dictador Macías –el depuesto y fusilado por el actual–, habría de ser el autor de una nonata Constitución para el país. Tal es el cuidado con se mima esa tragicomedia que el ministro en cuestión ha abroncado a una periodista por el simple hecho de haber incluido en una crónica referencias a la condición dictatorial del régimen, un régimen acusado internacionalmente de torturas, de blanqueo de dinero, de fraude electoral y de maltrato sistemático a la oposición, pero al que hay que halagar, por lo visto, hasta el extremo inaudito de afirmar de él, como ha hecho Fraga –extraño mascarón de proa de esta rara embajada–, que ha sabido “adaptarse a la modernidad”. La democracia española apadrina y baila el agua, pues, a un tirano que no tiene la menor intención de dejar de serlo (su hijo aparece, incluso, en todos los pronósticos como su sucesor) al tiempo que juega le papel de defensora de la democracia en la orilla de enfrente. Pocas veces el pragmatismo había resultado tan cínico.

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Es desconcertante el diseño de una política exterior que pretende a un tiempo abanderar los rigores de la pureza democrática y respaldar a un sátrapa del que, en su reciente visita oficial a España, huían los propios anfitriones a la hora de la foto, y más aún si se considera el hecho junto al papelón que viene representando nuestro país como aliado del chavismo y otras calamidades actuales. Tan extravagante es la cosa como delata la presencia en esta expedición de un Fraga al que, para estos efectos, no cuenta su pasado franquista, tantas veces recriminado por los mismos que ahora lo pasean. Pero esta aventura de Guinea marca un hito en la crónica del despropósito tanto desde la perspectiva diplomática como desde el prurito democrático, por muchos petrodólares que el dictador pueda comprometer con sus nuevos aliados. Obiang se ha mostrado altivo, displicente y un punto amenazante con los críticos presentes y ausentes en Guinea. Bien mirado, no le han faltado motivos para ello.

6 Comentarios

  1. El asunto Obiang es algo de lo que no nos dolerá lo suficiente el cuello de avergonzarnos como país. Un tipo que llega a oficial del ejército español, que adquiere una cultura llamémosla occidental por ponernos el moño, y que encabeza una dictadura postcolonial, una más en el azotado continente negro, mientras la antigua metrópolis le besa el orto, je, je, para lo que sirve recordar algo de griego, o sea griego, je, je, otra vez.

    Lo oi hace una noche o dos proclamando con acento chulo que es dictador porque dicta las leyes, como todos los gobiernos, añadió. Le ponemos micros y flashes y como apunta el Anfi, Curro Desatinos amenaza y escupe fuego fuego draconiano a quien ose mirar de mala manera al pulpo. Paísss.

  2. Una vergüenza, un erros y, encima, algo inexplicable que, bien epxlotado por quien pudiera…, le iba a salir a los zetaperos por un ojo de la cara. ¡¡Nada menos que Carnicerito de Villalba paseadop en andas por los sociatas!! Ahora sí que es para mingitar y nbo echar gota como se ha escrito aquí más de una vez.

  3. Los más jóvenes de este blog quizá no tengan memoria cabal de la odisea colinialista que, tal como se dice en la columna, tuvo sus negocios suculentos y sus tejemanejes lo mismo en dictadura que en predemocracia. Había quien decía que España tenía el deber de proteger a quien no podía gobernarse solo y eso es algo que el tiempo ha demostrado cierto salvo para Obiang y su clan millonario. Por lo que hace a Fraga…, no sean malos, criaturas, respeten nuestras canas, que no han de durarnos mucho, no se preocupen, pero verdaderamente hay una contradicción grande entre este agasajo y tantísimos insulktos como le lleva hecho ese mismo partido en esta vida.

  4. La política exterior no es más que un espejo del espíritu de este personal: en cada momento lo que convenga. ¡Qué más da entronizar a Fraga contando con sus “gales” y hasta con seu “Señor X”! Un tirano no es nada del otro mundo, sobre todo si tiene petróleo y usted no es quién para cuestionar ética o moralmente a estos iluminados. ¿Queda clara la cosa, jefe? Paciencia.

  5. esrto es la secuela de la continuación de las secuelas de los Chaves , los Monteseirines de los que tenemos muchos , el que no me pega nada aquí es Fraga.

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