El PSOE andaluz repitió en tiempos  con insistencia que quería eliminar los aforamientos, esos parapetos que han venido sirviendo a los (presuntos) delincuentes públicos para dar carrete a sus eventuales conflictos con la Justicia. ¡Pero, ca! Ahí lo tienen ahora, cuando el nuevo Gobierno autónomo propone modificar el Estatuto para permitirlo, plantado enfrente para impedirlo: de cambios, nada. El Gobierno hará lo lógico si endurece su postura e insiste en su propósito, guste o disguste tanto a los comprometidos en los ERE como a los implicados en la Gürtel. Oponerse a la eliminación de privilegios es un escándalo que trasluce la jodida intimidad de unos políticos convencidos, a fuerza de años de hegemonías, de que todo el monte es orégano.

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