Si siempre supone un trago escuchar al ministro de Trabajo, oír al consejero de Empleo andaluz es ya para nota de beatitud. Juzguen por sí mismos: “Nosotros no nos podemos castigar a nosotros mismos si no vemos si los demás están igual o peor que nosotros, porque es que si no, tu verás, siempre estamos llorando”. Para llorar, ciertamente, tanto el concepto como la sintaxis. Pero, sobre todo, es para llorar esta actitud ante la crisis, este emperre en negar su gravedad, tan peligrosa conformidad con la tragedia de nuestros millones de parados. ¡Qué nivel de autonomía! Desde luego, oyendo a estos próceres, no es de extrañar que estemos donde estamos.

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