El “comunismo con peculiaridades chinas” sigue siendo un enigma para todos aquellos que no quieren aceptar la solución simple de que ese nuevo capitalismo es fruto exclusivo de la explotación feroz. Dicen que cada día aumenta la estadística de millonarios del país, que se mueven ya fortunas insospechadas hace poco, que han logrado hacerse con la llave del Tesoro yanqui, que están comprando los “chateaux” franceses por docenas, que son clientes privilegiados en coches de gamas supremas, que se han aficionado al jamón serrano, que se están haciendo también con caldos tan estimados como el Saint-Émilion, que son las manos invisibles de las grandes marcas de ropa y que traen entre manos –esto ya pertenece a la conspiranoia—un plan para desplazar al comercio minorista de países como el nuestro a base de vender barato, por no hablar de los proyectos de una mafia que acaba de ser descubierta y detenida en España pero que, vaya usted a saber por qué, han entrado por una puerta del Juzgado y salido por la otra. A Ramón Tamames, que es uno de los primeros y hoy más versados sinólogos, le apunté hace poco el hecho curioso de que esta revolución china es la primera en la historia que no se basa en el invento sino en la imitación. ¿Para qué inventar moda si Zara les facilita el modelo y ellos tienen mano sobre mano su incansable “ejército de reserva”, para qué indagar en la tenería si pueden trabajar a costes ínfimos y fabricar por encargo bolsos de Vuiton o camisas de marca exclusiva? ¡Que inventen ellos!, como decía el maestro Unamuno. Ahora resulta que era posible edificar un imperio sin otra iniciativa que la imitación, el escrupuloso mimetismo del detalle, algo, en definitiva, que no había previsto nunca la teoría del desarrollo.

El capitalismo chino se basa, al parecer, en el método de los falsificadores, pero con atenuantes, puesto que a ver qué más le da a usted que el chaquetón o el sombrero que acaba de comprarse en una firma prestigiosa lo haya fabricado un escocés o un remoto esclavo a cambio de un tazón de arroz. La gran “peculiaridad” del comunismo chino ha resultado no ser más que el hallazgo de que una economía de la imitación puede ser tan rentable o más que las basadas en el invento y la innovación. El hormiguero chino está más cerca de Stajanov que de Lavoisier y, se podrá decir lo que se quiera, pero le va divinamente.

8 Comentarios

  1. Parece cierto lo de que la invención puede ser peor negocio que la imitación, aunque ahí están los hechos para confirmarlo. Todo este berengenal es el dolor de parto de un nuevo mundo, y muchome temo que no va a ser un nuevo mundo de justicia sino un eficiente sistema de explotación de las mayorías.

  2. El éxito de China se basa en un capitalismo específico, el de esclavitud. No son más ricos los chinos, son una clase pequeña la que etá vuelto rica a costa de esclavos.

  3. Nunca había pensado en la tesis de la columna, que una economía puede funcionar gloriosamente sin innovar, solamente imitando. Parece que todo eso va en contra de la teoría común, pero los hechos son los hechos.

  4. Lo chinos han nsido históricamente grandes innovadores (inventores) pera todo indica que este sprint posmodernos nos han godido el tranquillo. En realidad lo que han hecho es aprovechar su “ejército de reserva” y buscarse un mercado, ¡ahí es nada! Habrá que ver qué hacen durante el resto del siglo.

  5. ¡Cuanto me hubiera gustado escuchar hoy a don Epi en este Casinillo! Los chinbios, como bien se ha señalado pertenecen a una cultura muy innovadora (el papel, la pólvora, el hallazgo del arroz, el arte propio) que ahora se dedica a imitar, perom no olvidemos su capacidad financiera y sus importantes inversiones. ¿Saben ustedes que el gran filón del crecimiento chino, aparte de la imitación, está en el juego financiero y en la inversión en obras africanas? (Aún le espero, don Epi).

  6. Habrá que dar un premio para el colectivo chino que “invente” (y trasponga en China) la oportuna imitación de nuestros sindicatos. Es la única manera que se me ocurre para que los niveles chinos de producción se moderen y asemejen a los estándares occidentales.

  7. También los Romanos “copiaron”. Lo hicieron de los griegos…y nosotros “copiamos” de ambos, griegos y romanos.
    Los americanos se llevaron inventos, fórmulas y patentes por trenes entero de Alemania al terminar la guerra, y nosotros ahora copiamos de los americanos.
    Así es la vida: yo te copio a ti, y tú a mi y el tercero nos copai a toodos.
    Besos a todos

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