Rifirrafe en el Senado entre el ministro de Industria (anestesista de profesión) y un diputado gaditano que le exigía soluciones para la crisis de Delphi exhibiendo enardecido las fogatas de los despedidos. El ministro le dijo que echar gasolina al fuego es cosa de demagogos y más todavía si el que la echa conoce las dificultades reales que existen para remediar el mal que se lamenta. Y lleva razón en parte, aunque habría que recordarle que tan demagógico es practicar al alarmismo como atenerse a la desdramatización, bajar a Cádiz de vez en cuando –desde Sevilla, desde Madrid– para pedir paciencia con el cuento del envergue de que queda mucha tela por cortar, a sabiendas de que no queda apenas ninguna. Tan demagógica es la tea como el que la exhibe, pero tan demagógico es también irse a los desesperados con paños calientes como animarlos a una violencia que a nada conduce. El ministro, como Chaves, saben que lo de Delphi no tiene solución y tratan sólo de pasar con el menor daño posible el mal trago de las elecciones. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.