El Presidente de Alemania, Christian Wulff ha dimitido de su cargo. No se le ha probado, ni siquiera acusado, de ningún delito, pero sí de haber aceptado préstamos ventajosos, de no haber dicho toda la verdad al descubrirse éstos, aceptar vacaciones de un magnate amigo y, en fin pero sobre todo, de haber tratado de disuadir a diversos periodistas de hacer públicas esas circunstancias. ¡Qué envidia, Dios! En España estamos viendo todos los días espectáculos realmente viles, acusaciones gravísimas y probadas, sin que ni un peón caiga del tablero político como no sea por casualidad. Una vez, hay que reconocerlo, un juez despechado señaló a un Presidente con una equis enigmática pero, acaso por efecto de un miedo reverencial, no fue capaz ni de nombrarlo, lo que no quita que durante semanas hayamos asistidos recientemente a un circo de tres pistas en el que se acusaba a otro de segundo nivel de haber aceptado tres trajes de un amiguete político. En España Nixon se habría ido de rositas con su Watergate, Craxi no habrían tenido que exilarse por guardar sus lingotes de oro en Suiza, Papandreu padre no habría ido al trullo por corrupto, Mubarak no se vería encerrado en una caja blindada, Moshe Katsav, el expresidente israelí, no sufriría prisión por haberse propasado con sus secretarias, ni Carlos Andrés Pérez se hubiera visto arrestado en su domicilio a causa de sus mangancias, y no porque este país rebose respeto por sus dirigentes sino porque el sistema de control de las responsabilidades funciona aquí de un modo especialmente garantista a medida que el justiciable sube en la escala social. ¿Qué le habría ocurrido al pobre Wulff si en lugar de aceptar préstamos complacientes o vacaciones pagadas hubiera organizado una banda terrorista o un sacaperras como Filesa para financiar su partido, si llega a modificar una ley para largarle una millonada a la empresa de su hija, si se le hubiera ocurrido organizar un “fondo de reptiles” destinado a combatir el paro pero, en realidad, dilapidado en coimas y prejubilaciones falsas concedidas en su propio entorno o si hubiera pagado con su Visa oficial en un prostíbulo?

Que yo recuerde de memoria ha habido por esos mundos de Dios en los últimos años, aparte de los que han acabado de manera trágica, más de veinte y más de treinta Presidentes que han acabado en la cárcel o inhabilitados (Menem, Fujimori, Pinochet, Videla, Echeverría, Bordaberry, Collor de Melo, Noriega, Alan García…) mientras que aquí sigue siendo noticia un concejal imputado o un delegata destituido. ¡Qué envidia! Entre el calvinismo continental y la tolerancia mediterránea sigue abierto el abismo que tan caro nos ha costado.

7 Comentarios

  1. ¡Y que lo diga! ¡Qué envidia! Un país democrático nada tiene que ver con este patio de Monipodio.

  2. Nuestro ja se olvida en su columna de hoy de la condena de dos años de prisión a Chirac (en suspenso por sus 79 años y su estado de salud mental) por delitos de malversación de fondos a pesar de haber amañado la constitución en su beneficio y haber creado diecinueve empleos ficticios ¿les suena? durante su alcaldía en París. Ningún delito prescribió a pesar de haber pasado trece años.

    ¡¡¡Que envidia!!! Hay si hubiera sido español…

  3. Es curioso el “alto riesgo” de las Presidencias, cuando se las ve enumeradas así. Aquí no hay cuidado, como dicenen México, hoy por tí mañana por mí.

  4. Alemania nes un país muy especial, con sus grandezas y sus miserias, pero en cualquier supuesto es un gran país y un gran país serio. España y otros muchos no lo son, en cambio, y por eso no resulta ni concebible que aquí ocurran casos como el comentado.
    (Ah, señor Griyo, cuidado con su ortografía, última línea…. (Es broma)

  5. Todos la cárcel y no pagan. ¿No se dan cuenta ustedes de que los mpolíticos consittuyen un gremio bien avenido que, encima, tiene pactado con un sector de los jueces sus paces particulares?

  6. No tenía ni idea de que fueran tantos los Presidentes que han salido mal del puesto, me resulta interesante. En España no hay que esperar milagros de un sistema tan opaco, donde cualquier pleitecillo –sé de lo que hablo– dura una eternidad. ¿Un Presidente español sancionado? Si cuando lo del Señor X no pasó nada, ya no ha de pasar.

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