El fraccionalismo es enfermedad congénita de las izquierdas, no sólo de las derechas. Miren alrededor en Andalucía y verán despedazarse internamente al PSOE susanita (lo de Huelva es ya canibalismo) o a Vox regateando, en el peor momento, su apoyo a la Junta. Y miren al batiburrillo populista y podemita echar por la borda –con el apoyo del arco parlamentario completo– a los “anticapitalistas” que apoyan a la primera dama de Cádiz, Teresa Rodríguez, señora de Kichi, en adelante ya sin despacho ni voz. El cisma es la osteoporosis del partidismo, la enfermedad infantil (o senil, según) de toda organización política profesional. Por eso inventaron el “grupo mixto”: para “arrecoger”, peor que mejor, a los vencidos en cada batalla. Nada equipara más a los “partidos” que la desunión y la purga es su instrumento idóneo.

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