Los despidos de trabajadores del Ayuntamiento de Gibraleón por parte del nuevo alcalde, el tránsfuga Serrato, no se paran en barras. No sólo se echa por segunda vez a los tres trabajadores que la Justicia ordenó readmitir en sus puestos, sino que se despide por las bravas incluso a la presidenta del comité de empresa y a dos miembros más del órgano, un descarado ataque a la libertad sindical que ilustra el modo autoritario de hacer las cosas que ha instaurado el tránsfuga con las bendiciones del PSOE, su indudable patrón. Otra purga política en toda regla que, como en tantas ocasiones, demuestra que el partido responsable ha hecho suyo ese repugnante procedimiento y que convierte en extrañísimo el silencio de los sindicatos mayoritarios ante el ataque sufrido por CSI-CSIF. Hay “sindicatos de clase” y “clases de sindicatos”, por lo visto, pero lo que hay, por encima de todo, es estrategia pesebrista y gobierno de las tripas. Esta nostalgia del ‘gulag’ descubre la verdadera cara de muchos de esos “demócratas” que lo mismo pactan con tránsfugas que discriminan a los trabajadores.

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