Obra muy cuerdamente la COAG proponiendo, frente al hurto masivo de castañas que se registra los fines de semana en la Sierra, una campaña de concienciación que acaso sea capaz de frenar el grave daño que padecen los propietarios del bosque. Porque hay que comprender que otra cosa sería en la práctica sencillamente imposible, dada la afluencia multitudinaria que, por fortuna, el nuevo turismo interior lleva cada vez más a esa privilegiada comarca onubense, y que no permitiría otro modo de disuasión. Se trata, en definitiva, de convencer a los visitantes de que ese fruto es el pan de muchas familias más que de tratar de imponer vigilancias y retenes que malamente podrían abarcar un territorio tan enorme. La COAG sabe bien, por supuesto, que no es posible ponerle puertas al campo y por eso reclama una ayuda que debe prestársele no sólo por parte de la autoridad sino de una ciudadanía defensora de sus propios bienes colectivos. 

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