Iniciamos hoy la salida de la cueva domiciliaria, cierto que sin saber ni mucho ni poco qué vamos a encontrarnos fuera. Aseguran que un alto porcentaje de recluidos, extraviada la memoria en la obscuridad del claustro, no recuerda el número de semanas sin libertad que lleva en el cuerpo, y no es raro si se considera la ingravidez del criterio político que practican los autócratas. A las innúmeras dudas que nos deja la experiencia del encierro se añade la inseguridad derivada del supino despiste oficial que es capaz de autocorregirse cada vez que abre la boca. Salimos hoy, sí, pero ¿dónde vamos? Nunca un pueblo se vio en manos de un poder más incierto y oportunista ni soportó sin percatarse siquiera un secuestro tan ladino de sus libertades.

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