A la democracia –estado superior de la convivencia, por ahora—se puede entrar por la puerta grande o por el postigo de atrás. Recuerden cuando en España, por poner un ejemplo, nos metieron en ella, felizmente, un rey que había sido jefe de Estado de la Dictadura y un secretario general del Movimiento. Pero por ésa misma lógica parece probado que por esa puerta falsa también se puede salir. Ésta que tenemos está al borde del soponcio e instalada en el descrédito más absoluto, pero es la que hay, al menos mientras alguna minerva no discurra otra más eficiente y honorable que pudiera sustituirla con ventaja. Esas voces contestarías que se han levantado de pronto exigiendo la muerte del Sistema expresan un estado de ánimo que cae bastante más próximo del conflicto que de la solución, una suerte de reacción nihilista rebajada, de momento, por el sifonazo de la corrección política, pero en la que el sentimiento sobrevuela la razón y en la que la gestualidad prima sobre el concepto. Nadie sabe qué quieren, porque ellos tampoco saben nada fuera de que no quieren lo que hay, y ése es un respetable argumento cívico y político sin la menor virtualidad real. Era raro, desde luego, que el triste espectáculo de nuestra “realpolitik” –no tienen más que reparar en la miseria maniquea de la campaña—no estallara vocinglero en la calle ya que en las instituciones el ciudadano no tiene entrada libre más que unos minutos cada cuatro años para votar y abrirse luego a los cuatro vientos. No lo es, a mi entender, que lo primero que se haya oído hayan sido lamentos sin proyecto, justificadas quejas sin alternativa, reclamaciones sin especificar. Dudo de que los fárragos de la teoría, de Platón a Marx, puedan sustituirse a base de ocurrencias expresadas en 140 caracteres. Twitter podría, en última instancia, sacarnos de la democracia; mucho más difícil veo que lograra volvernos a meter en ella.

 

Otra cosa es que los políticos convencionales desprecien temerariamente el “conflicto” o traten de usufructuarlo y, lamentablemente, ambas cosas han ocurrido ya. Que nadie conozca en este instante las posibilidades reales de de ese “movimiento” acéfalo pero bien inervado no significa que un eventual crecimiento exponencial del mismo carezca de posibilidades reales. Ahora bien, el dilema consiste en que para dar paso a ese éxito los rebeldes tendrán que adoptar el único código conocido: los partidos no se juegan fuera de la cancha. En la política práctica no existe el ser y no ser simultáneo. Sin cabeza ese “movimiento” no será más que una anécdota, y con ella será, le guste o no, un nuevo partido.

3 Comentarios

  1. La frase final es definitiva: o se consagran como botellona sin alcochol, diciendo generalidades y repitiendo tópicos, en algunos casos muy peligrosos, o se integran en el Sistema que tanto denostan. Va lo que quieran a que enseguida vamos a empezar a conocer a los hasta hora ocultos líderes de esa ingenua masa, y también a que a no tardar los veremos dedicados a la política. Hay ocasiones en que estos arreglos no son ni siquiera “aprovechados” sino impuestos pro la lógica… del propia Sistema.

  2. Mucho ojo con ese “movimiento” que tiene mucho de dirigido, aunque tenga tambíén en sus filas a una legión de ingenuos. ¿No fue siempre así? ¿No hablaban los chuflillas del Movimiento Nacional de la “revolución pendiente” medio siglo después? Ni caso, esto es IU i los extrasistemas, los punks, los anarcos y demás, beneficiados por uan interesada cobertura mediática. Y puede que se disuelvan le lunes, tras las elecciones para preparar con más holgura su estrategia para las generales del año que viene. Al tiempo.

  3. Esta protesta es una moda, imitación entretenida de lo que ocurrió por ahí. Han pasado de la botellona a la revolución, de un solo salto. Con independencia de que les hayan hecho la ola los medios (todos), IU (principal beneficiaria quizás) y tros minoritarios (por lo que pueda caer). Cuando pase el 22M se irá disolviendo y volverán a la botellona, aunque no les quepar duda de que este síntoma lo es un de proceso de largo alcance. La vida pública va a ser muy distinta en la sociedad dominada por una comunicación universal y automática. Y de ahí pueden salir muy buenas cosas pero tambié cosas menos buenas.

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