El viejo partido obrero de Pablo Iglesias, de Morato o del doctor Vera, autodefinido marxista y ejemplar en tantos sentidos, se ha convertido en una firma, en una ETT, o mejor, en ese tipo societario que cabría definir como PSOE, Sociedad Limitada Familiar. En su larga aventura, hay casos innumerables de nepotismo, sin embargo y por desgracia, pero pocos como el de ese “griñanini”, nuevo número 2 del PSOE-A, que sin pensárselo dos veces ha dejado en herencia a su cuñado para dirigir el partido
en la provincia de Huelva de modo que la familia viva unida y él siga controlando a la provincia como si estuviera en ella y no en Sevilla. Ésa puede que sea la clave de la crisis interna del partido tras su derrota: que se ha convertido en un colocadero en el que los de arriba se reparten puestos y cargos.

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