Ayer comenzó, al fin (¡siete años después!), el juicio de los ERE, un tremendo caso de desprestigio no sólo para los justiciables sino para todo un “régimen” que, junto a sus logros, tiene en su haber graves yerros. Insistimos en solicitar prudencia y templanza, en recomendar sentido de la Justicia –y no hay otro que dejar a esa Justicia trabajar en paz–, lejos siempre tanto del sentimiento revanchista como de la tentación lenitiva. Entiendo que no se trata de castigar tanto como de corregir, y lamento que, no sólo a los afectados sino a todos los andaluces, nos salpique el triste espectáculo del Poder en el banquillo. Confiemos en el juicio justo y en la consiguiente enmienda. Cualquier otra expectativa defraudaría nuestra conciencia común.

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