Lleva razón el consejero Zarrías al reputar excepcional un proyecto musical dirigido nada menos que por Barenboim, aunque no tanto en subrayar ingenuamente que ese proyecto faraónico sirve para demostrar “que es posible el entendimiento frente a las bombas y a las guerras”. Hombre, sin exagerar. El montaje del Diván es culturalmente inobjetable aunque algo menos que sea una región pobre como Andalucía la que tenga que hacer el gasto en lugar de, pongo por ejemplo, el mismo Gobierno del Estado. Y desde luego, si se objeta ante él el estado precario de nuestros conservatorios, no es cierto eso de que “todo es compatible”, sencillamente, porque a la vista está que no lo es. Barenboim ha dicho que Chaves es el estadista más receptivo ante la Cultura y eso vale un dinero, no lo discuto, pero no cuestiona la crítica que llama megalómana a esa empresa cultural.

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