Que todo puede empeorar lo vamos comprobando día por día. En política, también, como lo prueba el caos progresivo de eso que los cursis llaman el “arco parlamentario”. No tienen más que fijarse en cómo, junto al doble cisma liberal-conservador, las Izquierdas se rompen también –más de una vez con acentos cainitas—y, entre ellas, el PSOE, fuerza principal durante medio siglo, se va diluyendo hasta el punto en que doña Susana ha de negociar con Madrid una prórroga de su (por decirlo de alguna manera) último mandato. Retrasando el inevitable Congreso que perderá sí o sí, acaba de asegurarse el resbaladizo  año entrante. Está visto que o ella desespera en demasía o –aplazando el sacrificio con todos los ases bajo su manga– Sánchez certifica, una vez más, que es un refinado sádico.

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