Es enteramente desvergonzado el punto a que llega el oportunismo electoralista de las promesas por doquier. Hasta los minoritarios van prometiendo por ahí el oro y el moro, indiferentes al ridículo que produce una promesa de envergadura en boca de IU o del PA, pero los grandes no se quedan, como es natural, a la zaga, siendo de justicia reconocer una discreción mucho mayor en los compromiso que propone Arenas frente al desahogo con que Chaves promete por segunda o tercera vez el mismo cuando no trata de otorgar estatuto de compromiso político a lo que no es más que una obligación legal. Tendría que arbitrarse algún procedimiento de control de esos faroles, que comportara algún género de sanción para los incumplidos. Como eso no parece posible –¿quién se va a atar las manos a sí mismo?– habrá que resignarse a que nos traten como a borregos cada cuatro años.

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