Uno de los epifenómenos más graciosos de nuestra postmodernidad es la evolución del beso público, el cuidado de las imágenes besuconas basado en una evidente técnica cada día más imaginativa que funciona, quién lo duda, como una escuela de esa efusión legítima que Musset reputaba como el único lenguaje verdadero del mundo. Vean en la tv el plano demorado que acerca las bocas entreabiertas, observen la calculada demora en la entrega, no se pierdan las estrategias lingüísticas de los actores, que no me cabe duda de que habrá enriquecido no poco las estrategias dictadas por el primitivo impulso. Cualquier anuncio de un perfume o de un coche comienza con la incitación vehemente del beso demorado en sus pequeños detalles, como transmitiendo al futuro consumidor una promesa de delicias. Ha cambiado mucho el beso desde que Clark Gable o Gregory Peck besaban falsamente a sus “partanaires” recurriendo a una sofisticada gimnasia del cuello, hasta este presente tenso en que las parejas se funden públicamente en ósculos inacabables e imaginativos. Pues bien, no en todas parte. En Marruecos, por ejemplo, no, como lo demuestra la detención de dos menores por besarse en la puerta de su cole y de un tercero por fotografiar la escena y colgarla en Facebook, monumento a la inocencia febril que la autoridad marroquí considera un “atentado al pudor” y castiga con dos meses y medio de cárcel.

 

Moushin, Raja y Oussama, que así se llama el trío de ángeles, serán condenados por un tribunal de Nador si no logran impedirlo las protestas humanitarias que el caso ha levantado. Qué raro, ¿no?, teniendo en cuenta las veces que hemos visto en aquel país auténticos mercados de chaperos acechando a los turistas, qué injusto en una sociedad en la que, desde luego, sus más altas cotas no han sido siempre — recuerden la descocada leyenda de Hasan II– ejemplo de severidad moral. Nadie se cree ya los remilgos, no poco bobos, de Shopenhauer –lo del intercambio de bacilos, quizá apócrifo—en este mundo “voyeur”, ni se escandaliza por esa expansión cada día más difundida ni siquiera en esos países árabes donde el beso homosexual se impone en las más altas esferas a los estupefactos viajeros. Una iniciativa ha propuesto, en fin, defender a los tres chiquillos escenificando una besada multitudinaria –“kiss-in géant—ante el Parlamento de Rabat, y ha acabado como el rosario de la aurora. La moral es cosa muy subjetiva. Tanto, que se le impone a los demás.

4 Comentarios

  1. Confieso tener reacciones opuestas según dónde y quiénes se besen. No entiendo exactamente porqué pero , por ejemplo en el cine cuando se besan los actores suelo mirar para otro lado. A veces veo a una pareja besarse y se me cae la baba al mirarles, a veces también la escena me parece asquerosa y si pudiera les multaría.
    No sé cómo se han besado Raja y Oussama: quizás yo también les habría multado. Meterlos en chirona creo que es un poco exagerado.
    Un beso a todos.

  2. Sí, parece desde el punto de vista nuestro actual un contrasentido.
    Pero le puedo decir que sentí repugnancia allá por los años 60, cuando una pareja se besaba cerca del Pazo de Meirás, se lo digo de verdad, a lo mejor usted lo toma a mal, no se que decirel….. bueno es que se trataba de una pareja de la Guardia civil!!!

  3. Que vivimos en unos tiempos desaforados, que diría don Alonso Quijano. Hipererotizados, lúbricos y como no sea cosquilleando el bajo vientre, la publicidad no es publi ni es na. Hasta para vender congelados.

    Y los pobres vecinos del Sur se recalientan con las parabolicas y pasa lo que pasa. Con una legislación que…

    Smuakiss …

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