Mucho ha cambiado Andalucía en este medio siglo de democracia y autonomía. Como todas las regiones del mundo civilizado, más o menos, es decir,  a rastras del progreso (y del negocio) tecnológico. Pero hay indicios incontrovertibles de que, en aspectos básicos, estamos donde estábamos. Decía el cura Diamantino –aquel “jornalero de Dios” que arrancó espárragos hasta la víspera de su muerte—- que Andalucía habría cambiado sólo el día en que la vendimia francesa la hicieran otros. Y hoy sabemos que, este mismo otoño, tres de cada cuatro vendimiadores en Francia son andaluces, o sea, lo dicho: que estamos donde estábamos aunque hayamos cambiado mucho. La teología agraria de Diamantino no tiene vuelta de hoja.

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