¿Desciende la desigualdad a medida que progresan las sociedades? Un informe facilitado por la OCDE acaba de dejar claro que, a pesar de que todos los niveles sociales suecos han mejorado en sus condiciones de vida, la desigualdad ha crecido de manera notable. El hecho ha conmovido a los observadores en la medida en que aquel país viene siendo considerado sin reservas como paradigma de sociedad bien organizada, como sin duda lo es, pero a pesar de lo cual se desliza hacia un modelo que, siendo relativamente próspero, también es crecientemente desigual, sobre todo a causa de las reformas fiscales que, en los últimos años, han tratado de primar al trabajo. Se agranda la brecha entre ricos y menos favorecidos –en Suecia la tasa de pobreza sigue siendo mínima—incluso allí donde la tijera fiscal procura igualar por arriba a los diversos estados, lo cual no deja de tener su importancia dado que el sentimiento de pobreza es inevitablemente subjetivo en alguna medida y siempre referencial, y ello debe darnos una idea de los efectos que en nuestras sociedades mal organizadas y, en definitiva, pobres hoy por hoy, puede provocar la progresiva apertura de la brecha entre las clases sociales. En el caso de España, por lo demás, no sólo se ha ensanchado esa brecha sino que el deterioro de la situación económica está produciendo una desigualdad cada día menos soportable y, por supuesto, eventualmente conflictiva, hasta ahora compensada por la solidaridad natural de nuestras estructuras familiares. Se puede progresar adecuadamente sin dejar por ello de cebar la carga que suponen esas tensiones entre los sujetos sociales. Suecia parte, como es natural, de un estado muy confortable en el que la prosperidad generalizada debe mucho al excedente. En España, justos como vamos recursos, ese mismo fenómeno puede acabar explotando como un polvorín.

El número de pobres se ha duplicado, sin embargo, en aquella Jauja congelada, lo que quiere decir que la desigualdad sigue constituyendo una amenaza incluso en los países con reservas suficientes para retardar el colapso. La crisis ha provocado que se dispare el diferencial de renta entre ricos y pobres, pero incluso allí donde se ha reducido, como en Chile o Brasil, los ingresos de los afortunados son veinticinco veces mayores que los de los menos favorecidos. Hemos conseguido que la diferencia prospere incluso allí donde el progreso es una realidad.

6 Comentarios

  1. Curioso: progreso y regreso juntos. Interesante al menos para mí. Creo como don ja que esta crisis va a ser más transformadora de la sociedad de lo que cabía suponer en un principio. ¿Se acuerdan cuando hablar de la crisis era cosa de antipatriotas?

  2. Lo escandaloso es lo actual: la brecha que la crisis hace cada día más ancha entre ricos y pobres. Hay, es evidente, canallas que especulan, “legal” o ilegalmente, y no parece que nadie mueva un dedo por acabar con ellos. La pobreza no conmueve a la inmensa mayoría en una sociedad de clases medias –como usted suele explicar– aunque en plena catástrofe sería lógico que alguna brizna de sensibilidad quedara por ahí, fuera de los “creyentes” y algunos laicos voluntarios, que son contados.

  3. Es ese adelgazamiento de las clases medias lo que está royendo el sistema. Sin atender estadísticas, por uno de clase media que ascienda a ‘rico’, probablemente haya cien o mil que se despeñan en la pobreza.

    ¿Estallido social? No olvidemos que para tomar el palacio de invierno, hoy solo se precisa el movimiento y el empuje de unos pocos y miles, millones de mensajes en el cyberespacio. Hemos entrado en una nueva era histórica.

  4. Muy optimista me parece, en su buenísima fe, nuestro don Epi, porque a la vista está que aquí la cava adelgaza y adelgaza sin que llegue a mugir. NO me parece que estos sean tiempos de revolución, y ése es precisamente uno de los rasgos típicos de la psicología pequeño-burguesa (clases media, si se prefiere(, como ya describiera Marx con mano maestra hace mucho tiempo.

  5. Lo que ocurre es que don ja, como muchos en su generación, parten del ideal de igualdad al que creen un derecho, a pesar de la realidad se esfuerza por desmoralizarlos. No saben cuánto admiro a estos “incorruptibles” con los que yo, a estos efectos, no me mezclé su du día, pero a los que admiré entonces y ahora. Los hombres no son iguales, por lo que las sociedades tampoco van a serlo nunca. Yo lo escribo con pena, con dolor realista. Don ja cree con su mejor voluntad e inteligencia que vale la pena seguir peleando por el Ideal.

  6. Qué pena, sobrando alimentos, sobrando dineros… Esta “fase” del capitalismo no sé si será la última pero no cabe duda de que, siendo mucho menos dura y primitiva que las de siglos anteriores, resulta inhumana.

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