En nuestro cine de verano –“selecta nevería”—nos dan este año programa doble. En el Parlamento, la poquísima vergüenza del paripé de los ERE y las prejubilaciones falsas, el desfile de mudos que saben más que Briján sobre el gran mangazo pero que, por eso precisamente, callan como muertos. En el telediario, la telenovela de Gordillo y sus errantes mesnadas pasándose la Ley por el forro mientras su líder carismático, el gran “Conducator”, sombrerón y pañuelo palestino (o saudí, no estoy seguro) al cuello, nos devuelve al siglo XIX y se ve a sí mismo –tiene tomate—como un guía entre Jesucristo y Gandhi, pero que cobra un pastón al mes desde que hay memoria democrática. Un programa doble de miserias superpuestas que anuncia ya el próximo estreno en medio del desconcierto general

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