En un congreso mexicano acaba de plantearse la cuestión del impacto que la tecnología, los afrodisíacos y la violencia puedan acabar acarreando a la vida sexual de las personas. Están preocupados los expertos por la idea de que la actuales circunstancias propician una relación entre los sexos que anula sin remedio la interacción personalizada entre quienes lo comparten, o lo que es lo mismo, por la posibilidad de que la perspectiva individualista, el robinsonismo de entrepierna, acabe por dominar ese ámbito tan delicado. El éxito de la virtualidad que Internet favorece sugiere la posibilidad de acabar produciendo un tipo de amante solipsista, ensimismado, ferozmente individual que rompa el clima de al menos relativa reciprocidad que el sexo impone, especialmente del lado masculino en la medida en que la oferta de estimulantes eréctiles podría constituir un factor de aislamiento psicológico respecto de la otra parte de la relación que no tiene por qué manifestarse receptiva a la urgencia provocada. Hay miedo a que el desarrollo tecnológico, en definitiva, pueda tener efectos no queridos capaces de desnaturalizar el modelo convencional de las relaciones sexuales, y se teme que, por si algo faltaba, la vuelta de la violencia, su tolerancia creciente, pueda repercutir también sobre el ámbito íntimo. Tanto adelanto separaría a la gente al tiempo que propicia su acercamiento, y esta desconcertante paradoja trae de cabeza a unos sabios que ven impotentes como se dispara en la Red tanto la virtualidad en las relaciones como la distribución insensata de drogas que nadie garantiza. Sabemos que estamos ante una revolución del instinto básico pero ignoramos por completo qué la beneficia y que podría malograrla en la panoplia milagrera de recursos que ofrece el desarrollo a sus afortunadas víctimas.

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Por otra parte, encuentro en París, huroneando por las viejas librerías, un libro llamativo desde el título que ha escrito un periodista francés, Daivid Fontaine, habitual del ‘Canard enchainé’, y en el que se recogen testimonios de trientañeros/as decididos a guardar severamente y de forma voluntaria la castidad contra viento y marea, pero no por esto ni por lo otro sino porque han llegado a la conclusión de que, pasadas las primeras experiencias, un poso de desencanto conduce fatalmente a una exigencia mayor. Todo el mundo puede abstenerse en esta vida, sostienen esas cobayas herederas del desmadre mayista, que ciertamente no han visto en la generación paterna lo que se dice un modelo exitoso de relación auténticamente libre y al mismo tiempo humana, pero sobre todo lo que hacen con su experiencia es tratar de cuestionar la lógica en el fondo capitalista del dogma sesentayochista de la economía libidinal que de modo tan espléndido expuso hace años el maestro Lyotard. Les recomiendo, en todo caso, este “No Sex Last Year”, con la misma incredulidad, por supuesto, que les hago la crónica en diferido de las cuitas de esos sabios que (en México, no se lo pierdan) andan avisando sobre los peligros que corren tanto los amantes virtuales como los sostenidos por la farmacopea. Pero yo creo que lo que los traen entre manos esos treintañeros franceses, cada cual con su palo pegado y su experiencia a cuesta, es la aspiración, siempre vigente, a un modelo de relación personal que no separe el sexo del amor de modo tan drástico. Donde menos se piensa salta la liebre, y desde luego toparse en el ‘Canard’ con una experiencia abstinente como la descrita, no resulta menos chocante que dar en México con un grupo desagañitado en defensa de un control sexual sin el cual peligraría, a su juicio, la misma enjundia amorosa. Recuerdo que la Yourcenar decía que el amor es el castigo que merecemos por no haber resistido solos la existencia. Bien sabemos que a los treinta años esa vieja dama no pensaba igual.

14 Comentarios

  1. Mucho me temo que lo que subyace en el artículo, aunque el modoso JA no lo nombra, es el autoamor, el autoservicio o como lo quiera llamar quien prefiere no caer en rijosidades que servidora no obvia. Me da muchísimo corte entrar en un sexshop a mis años, pero una sabe que en las mesillas de noche de mucha dama se guarda uno de esos vibradores a pilas que discretos, sin alarde de colores y texturas, sirve de consuelo y alivio por no hablar de sofocos y ardores.

    Por otra parte el varón, con su interné, con sus pelis y otras yerbas tiene alivio placentero a sus urgencias de entrepierna sin tener que molestar a nadie. Es viejísima la lucha de cinco contra uno o aquel salvaje grito de guerra de ¡todos contra el calvo!

    Corre por ahí una leyenda urbana, que yo no me he inventado, y que cuenta cómo en alto palacio vegeta un flojo tan flojo que cuando tiene premuras y deseos y busca desahogo, saca de rincón privado una vagina de látex, húmeda y suave, que con una simple pila de botón evita el jaleo de empujar y quedar sudoroso tras el lance. Es más, al parecer lo que le gusta es tumbarse boca arriba y dejar que su chica abrace golosa con sus labios a su hermano pequeño. Así difícilmente van añadir otro vástago a la línea de sucesión.

  2. El admirado y vilipendiado Profesor Rodríguez Delgado contaba en las charlas radiofónicas que daba después de jubilado que el sexo es el soborno que nos pone la naturaleza para conseguir la reproducción de los individuos.
    Estudios más recientes sobre la evolución señalan que los caracteres se fijan o desaparecen según la diferencia de la capacidad de reproducción viable de sus portadores dependiendo de proporciones muy pequeñas.

    Pues bien, los grupos humanos que hemos aprendido a disfrutar del premio/soborno que es el sexo sin pagar el precio que es la reproducción,independiente de que el medio sea mano, dedo, goma o castidad, estamos en desventaja evolutiva con los grupos que no lo consiguen por falta de inteligencia o voluntad y los que renuncian por razones religiosas o culturales.

    El resultado es que nuestros nietos serán reemplazados por los de los que nos invaden con la esperanza de un mundo mejor y los de los que viven presos de convicciones religiosas que consideran una descendencia numerosa como un premio divino.

  3. Ayer dejamos sola a doña Epi, o don Epi o lo que sea. Ha vuelto con bríos la doña. Desde aquí mis respetos. Si no la leyeron aún están a tiempo.

  4. Mi enhorabuena y mi simpatía a los jóvenes franceses que han conseguido derrotar al ministro Villepin. Su ejemplo podría cundir en España para que nuestros chavales consigan el botellón para todos.
    Mi enhorabuena a todos los gobiernos españoles, desde Suárez para acá, porque los jóvenes españoles no se han dado cuenta de que los contratos que “disfrutan” son mucho peores que los de sus vecinos.

    Mi enhorabuena provisional a los italianos que parece que se podrán librar de Berlusconi a pesar de la campaña tramposa de última hora.

    Mi enhorabuena a los peruanos que gracias a la segunda vuelta, de la que carecemos lamentablemente, podrán librarse de un segundo Fujimori que dejaría en mantillas a su antecesor y seguramente al propio Chavez.

    Mi enhorabuena a ZP que tras librarse del alcalde españolista se acaba de librar del ministro patriota.

  5. Es cierto que Berlusconi es un auténtico sinverguenza pero a mí el Sr. Prodi siempre me ha parecido un individuo un tanto pusilanime. No sé que es lo mejor para Italia, aparcando a gente con desvarios y delirios personales ( Aznar, Gonzalez,Busch) pienso que por desgracia estan mucho mejor dotados para la gestión del Estado, gente como Rubalcaba, a quién el patrón le llama el Fouché español, que individuos como Bono, incapaces de segregar lo que es mejor para la Patria que está por encima de nuestras creencias y nuestra pequeña iconografía…aquello de Maquiavelo, no ?

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