Gran escándalo por las prisiones de la rica y escandalosa heredera Paris Hilton condenada por conducir ebria. 25.000 firmas han solicitado clemencia para ella, pobretica nuestra, 60.000 insistieron en que ingresara en prisión. Y lo hizo, tras una fiesta fastuosa, para dejarse retratar de frente y de perfil, maquillada a modo y con media melena indolente sobre el rostro. La antecedió en el numerito Naomí Campbell, reo de haberle pegado a una doncella o algo así, igualmente rodeada de fastos y cámaras, y aquí tampoco nos privamos de nada desde hace un tiempo –dejo de lado las prisiones políticas y hasta las económicas–, ya que hemos asistidos, en medio de un estruendoso debate, a las suaves desdichas de Farruquito y, algo después, hemos visto desfilar ante el juez a la pena penita pena de Isabel Pantoja que, todo debe decirse, ha visto subir por las nubes su ‘caché’ como antes lo viera el bailaor. Que la cárcel, según y cómo, puede ser el espaldarazo de la fama, lo sabemos todos al menos desde que a Antonio el bailarín lo entrullaron en Arcos por blasfemar en un ensayo y necesitó un indulto directo del propio Franco para salir de su ruda chirona. O desde que el papel cuché nos trajo hace años la imagen de Sofía Loren encarcelada por defraudar al fisco –dicen que ése era el fantasma de Lola Flores cuando la persiguió Borrell– en un régimen de privilegio que no dejó indiferente ni siquiera a la democracia italiana. No pasa nada por entrar en una celda, por lo visto, sobre todo si gozas de cierta holgura, pero si les queda alguna duda consideren lo poco que influyó en Bill Gates el arresto sufrido en Alburquerque por infringir las normas de tráfico o en Khasoggi su paso por el estaribel. A la salida de la cárcel, a la Hilton estarán aguardándola en la puerta fans y paparazzi, convertida ya en otra heroína pero, en general, puede decirse que la verdadera privación  de libertad, la auténtica experiencia de la cárcel, es únicamente aquella que se sabe olvidada. Casanova se fuga de Los Plomos venecianos cuando se percata de que fuera lo están olvidando las putas y los petimetres. El cerrojo de sus prisiones no era otro que el fracaso de la fama.
                                                                xxxxx
No hay que contar ya con el espíritu que en tiempos más heroicos cuestionó la prisión. Eso de que el hombre es en sí mismo una prisión por la que vaga cimarrona al alma como fantasma por castillo, lo podía decir Hugo en pleno romanticismo, pero hoy resulta una simple ‘boutade’ del estilo de las conocidas de Banville o las que escribió en la dura ergástula de Sainte-Pélagie aquella minerva girondina, madame Roland, que gritó en el cadalso aquello de “¡Libertad, cuántos crímenes se comenten en tu nombre!”. Hoy la prisión es por lo general valorada al extremo de cundir por medio mundo esa postura redentorista que no deja de ser un progreso moral pero en la que cada día confía menos una sociedad escarmentada, sobre todo porque en ella rigen, en todo caso, criterios de privilegio que nadie se molesta ni en disimular. Nadie duda de que el cautiverio común constituye una sanción durísima ni de que el especial supone una burla de la Justicia que no han de remendar, por mucho que pespunteen, todos los picapleitos del mundo. La Hilton entrando en la gayola rodeada de flashes, la Campbell aclamada como una mártir, son muestras extremadas de una discriminación que convierte en ridícula la sanción misma y descubre en ese derecho falsario un instrumento amañado de la razón de clase. Hay prisiones amables que más valdría que no se produjeran nunca porque con ellas no se afirma la creencia en el derecho común, que robustece la convivencia, sino que se pone en evidencia el chasco de la equidad que estraga la vida de las sociedades. Prisiones con las que cualquiera sabe si, a lo peor, cuenta la propia publicidad que convierte en adorno de unos pocos lo que para otros es causa de vileza y motivo de oprobio.

17 Comentarios

  1. Pepe Griyo
    13:41
    La columna de hoy me recuerda las detenciones a consecuencia de las reuniones predemocráticas en la calle Segre de Madrid:
    Los asistentes no detenidos, y algunos que no asistieron, fueron a la DGS a exigir su detención. Y es posible que algún día se reconozca el derecho a ser detenido.

  2. No es nada frívolo el entregarse a la policía española en los años 60-78.

    El 22 de abril de 1.967 en la iglesia del barrio Almeda de Cornellá, la Guardia Civil en una redada contra las CCOO ilegales detuvo a 42 compañeros llevándoselos con un autocar.

    Ni locos, los que escapamos de aquella detención se nos ocurrió presentarnos voluntariamente.

    Ud. se referirá a reuniones con el General ya enterrado ó a burgueses de la reunión de MUNICH. Ya sabe…. la del famoso contubernio.

  3. Uno y otro, hablen con más respetoi (y qyizá con mayoir conocimiento de causa) de lo que fue la clandestinidad.

  4. Nunca fueron amablas las prisiones del franquismo, aunque hay que decir que hubo “detenidos” bajo el “síndrome Cánovas”, caso fugaz de González algún otro. Aquellos tiem pos non eran para jugar políticas. Hoy puede parecerlo, sobre todo a los observadores frívolos.

  5. 14:56
    No, no. Eso fue mucho más tarde; durante la enfermedad de Franco.
    Era cuando los opositores demócratas tomaban posiciones para la futura transición.
    Haber estado detenido por Franco, aunque estuviera moribundo, ya constituía todo un currículum.

  6. De los 42 detenidos, algunos de ellos apalizados, y aparecida su imagen en la prensa inglesa, -la del compañero Antonio Plata-, 16 fueron juzgados por el TOP, Tribunal de Orden Público-, y condenados a tres meses de prisión.

    No, no era una frivolidad.

  7. Otro día en que nos vamos por los cerros de Úbeda columnarios hasta desembocar en lejanas playas, siendo curioso que cualquier insinuación tenga más fuerza que la propuesta original del blog. Somos así de caprichosos, aunque hoy habrái no poco que decir sobre las actitudes que subyacen en algunos comentarios. Creo que la intención de criticar la doble de una sociedad que infama con la cárcel a los pequeños mientras que a los grandes les hace propaganda con ella, bien merecía una mayor atención. Más desde luego que la memoria del martiriologio, propio o ajeno, que hoy nos ha servido para distraernos.

  8. El páter me ha quitado de la boca el argumento. También me sumo amistosamente a la censura lanzada antes por algún compañero sobre/contra la referencia frívola a los peligros de la clandestinidad.

  9. Lo de Farruco lo dice gm por racismo, lo de Pantoja por envidia, lo de Bil Gates por capricho. Bien sabía él que ocurriría lo que ha ocurrido: que enseguida saldrían los mártires “propios o ajenos” como se ha dicho.

  10. Echo de menos a la sorore tremebunda, quizá levitante, quizá arrebatada por el fuego sagrado. Pero la hecho de menos, porque hoy podría haberse lucido con su gracia sobrada y tantos motivos como gm ofrece en su comentario.
    No hay prisiones amables, en todo caso, pero me ha gustado mucho la idea de que lo más temible de la cárcel es el olvido. (Creo que de los hospitales se podría decir lo mismo, aunque en otro sentido…).

  11. Pues a un servidor la idea le parece muy interesante: eso de que hasta del castigo se consiga hacer un privilegio de clase me parece una observación inteligente, y el ejemplo de Casanova estupendo.

  12. Estoy con mi Sr.Cura que la parroquia se ha ido hacia otro lado, pero creo que sólo ha sido porque Don Pepe Griyo en el primer comentario ha dicho que la columna de hoy “le recordaba a las peticiones de prisiones voluntarias que se hicieron por compañerismo en otro tiempo”, y se han disparado comentarios sobre esto a partir de esa lectura.

    Estoy con el anfitrión –como lo llamáis cariñosamente- cuando dice que la prisión –siempre dura para muchos- es bastante más cuando existe “el olvido”.

    NO HAY NADA MÁS EVIDENTE DEL CLASISMO QUE EXISTE EN NUESTRA SOCIEDAD QUE LA REFLEJADA EN ESTA COLUMNA QUE NOS REGALA HOY JOSÉ ANTONIO

  13. Gracias a quien se acuerda de que existí algún día. Mi silencio para quien me ha ignorado o menospreciado. No me da alipori reconocer que a lo largo de tanta entrada, día tras día, casi ni una falta, cometí excesos de histrionismo, de narcisismo e incluso lo que alguien pudo interpretar como intento -¿inconsciente?- de una suplantación del protagonismo del Anfi. Hoy se vuelve a la misma noria.

    Creo que el personaje monjil está quemado, socarrat y amargo, y por ello se retira, con el permiso de la concurrencia. No sé si volveré alguna vez, desde luego con un alias distinto. Quizás en otro registro. Mientras, tanto, reciban mis respetos. Salud y larga vida.

  14. Mi doña Epi, no me sea usted así, que me da pena! También yo la recordé y eché de menos sus comentarios , a veces graciosos, a veces excesivos pero tan auténticos y bienvenidos . No se me enoje por tan poca cosa: también los otros pueden excederse en su censura, y estoy segura que sienten haberla herido y privarse de su gracia . No nos castigue a todos, por favor, y vuelva a ponerse delante del teclado.

    Respecto a la columna de hoy, creo que lo más importante es que el propio preso no se avergüence de estar en prisión. Recuerdo una foto de José Bové con las esposas y gesto de vistoría, y sé de personas que nunca se han avergonzado de haber pasado una temporada en la carcel. Pienso también que a Casanovas la estancia en los Plomos venecianos no le parecía muy amena y no era muy de su gusto….lo cual se comprende facilmente.

  15. Apreciada Sor:
    No soy persona que use la adulación, una vez dicho esto, le sugiero hermana que cuando se le pase la pasión del enfado que le invade, vuelva por aquí con sus escritos para deleite de este asiduo lector del “blog” de JaGM desde antes de sus comienzos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.