No he oído quejas de la oposición municipal capitalina por el hecho de que la cárcel provincial se revele una vez tras otra como un polvorín. Un día son los familiares de etarras quiénes rodean el centro tomando fotografías, el siguiente la inquietud que provoca ver a aquel convertido en uno de los trullos más peligrosos de la nación, el de más allá –antier mismo– enterarnos de que el confiado Gobierno central se ve obligado a adoptar “medidas contundentes” ante la presencia inquietante del islamismo radical entre sus muros, incluyendo la reclusión de sus líderes más notorios y ante la evidencia de que se llevan a cabo dentro labores de proselitismo y propaganda terrorista. En algún lugar han de estar las prisiones, qué duda cabe, y con ellas los riesgos inherentes, pero es curioso el criterio con el que se eligen aquellas tanto como el silencio de los políticos.

1 Comentario

  1. Quizás también , sea urgente impedir que los presos sigan imponiéndose y haciendo su sucio trabajo en la carcel. Para eso están las celdas de aislamiento, digo yo

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