Partido por gala en dos, las dos facciones del podemismo andaluz se arañan incansables la cara exponiéndose peligrosamente al barranco electoral. Por eso la antigua lideresa (¡y primera dama de Cádiz!), Teresa Rodríguez, busca protagonismo a su manera chabacana, injuriando tanto al Rey emérito como al reinante, a los que tilda de ladrones –así como suena–, al tiempo que, aprovechando que la patria se ha convertido en una huerta sin vallar, pide que al primero –que ella cree “juío”, no autoexilado—se le detenga y retenga el pasaporte por “las fechorías del pichabrava”. Y dice, con razón, que no tiene miedo. ¿Por qué iba a tenerlo si aquí no hay autoridad que valga? Cuando ya no tenga remedio, tal vez comprendamos el castigo bíblico que esta moralla ha supuesto para la democracia.

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