Se equivocan los partidos –lo comprenden el país entero—amparando a sus presuntos corruptos a pesar de las clamorosas evidencias que se multiplican. El PP en el “caso Correa” lo mismo que el PSOE en los suyos. La defensa a ultranza de la tragicomedia de Baena, por ejemplo, es ridícula, porque cualquiera que haya oído las cintas grabadas por orden del juez sabe a qué grado de abyección  llegaban sus protagonistas, y porque proponer un complot que incluye al PP, IU, la Guardia Civil y Luis Carlos Rejón no puede resultar más que desopilante. Lo que hay que preguntarse es  la razón de ese apoyo. Ahí es donde está la clave de estos cierres de fila.

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