Ha sido salir de la cárcel, galana y encantada de haberse conocido, y lanzarse de nuevo la exportavoz del PSOE marbellí, Isabel García Marcos, a provocar la telepolítica y le ‘reality show’, esta vez con la afirmación más estupefaciente que quepa imaginar al más idiota: “Yo soy una presa política”, ha dicho. No tiene límites la desfachatez en una sociedad en la que el “exemplum” falla desde arriba y en la que casi nadie en las alturas, en fin de cuentas, está en condiciones de poner en su sitio, por ejemplo, a los saqueadores de un Ayuntamiento. Casi tan elocuente como la inesperada liberación condicional de esta tropa es el hecho de que haya sido la “prensa del corazón” su principal difusora y la que ha suministrado a la opinión noticias y comentarios. Ahora bien, tener que escuchar, a estas alturas, y con lo ya se va sabiendo de ese tinglado delincuente, que esos imputados son presos políticos, pasa de la raya. La trama de Marbella se beneficia del estado general de corrupción que vivimos, ésa es la clave. De sobra sabe esa “presa política” que su suerte y la de los demás imputados sería muy otra si el Poder estuviera en condiciones de tirar la primera piedra.

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