La oficina del Nobel de la Paz acaba de anunciar que la ceremonia de entrega del concedido este año al activista chino Liu Xiaobo será suspendida al no poder estar presente en el acto ni el galardonado ni un familiar próximo suyo. La dictadura china se sale con la suya, pues, y no habrá imágenes que valga de un galardón tan merecido como inquietante para su sistema, cuyo bienaventurado beneficiario sufre desde hace años persecución por la justicia. Hombre, todo hay que decirlo, el Nobel de la Paz ha hecho cuanto ha estado en su mano para conseguir el autodescrédito, no sólo fijándose a veces en personajes tan poco consistentes como Pérez Esquivel o Rigoberta Menchú, Walesa o Desmond Tutu, sino haciendo merced de él a terroristas acreditados como Arafat, ilustres donnadies como Al Gore o recién llegados como Obama a quien no dieron tiempo tras su llegada al poder ni para cambiarse de traje. Durante la Guerra Fría, el mismo Nobel de literatura funcionó como una suerte de oposición internacional que distinguía a los Pasternak, Shólojov o Solzhenitsin con las del beri, al tiempo que metía baza –enhorabuena—en situaciones políticas complejas encumbrando a Juan Ramón o a Salvatore Quasimodo, con el resultado de comprometer no poco su prestigio ante aquellos que consideraban que su función (y su tradición) no era involucrarse en las tensiones políticas sino velar por creación literaria. El caso de Liu Xiaobo demuestra, sin embargo, tanto el interés que mantiene el manejo razonable de esas honras supremas como la relativa inutilidad de sus esfuerzos frente a las situaciones tiránicas cuando éstas cuentan con el respaldo tácito del mundo llamado libre. La China apalancada en el comunismo real pero ascendente en el universo capitalista puede dormir tranquila ante estos arañazos superficiales al menos mientras crezca al ritmo diabólico en que lo viene haciendo, mantenga en su buchaca el enorme paquete de bonos del Tesoro americano que mantiene, y actúe en el mundo como el protagonista más activo de esa globalización que está enriqueciendo a tanta gente a costa del sudor de la de siempre.

 

Ha ganado, una vez más, como puede verse, la presión del poder, y Liu Xiaobo no irá a recoger su diploma como no fueron en su día los represaliados del sovietismo. En España el Nobel a Juan Ramón fue acogido por la dictadura con toda la frialdad del mundo, lo que no dejaba de suponer un progreso teniendo en cuenta que pocos años antes aún había quemas de sus libros en alguna de nuestras ciudades. Uno se pregunta si el Nobel gana o pierde jugando esta partida política, tan de agradecer a veces, como de lamentar en otras ocasiones.

4 Comentarios

  1. Le verdad es que no sé quien es este señor. J’avoue mon ignorance totale. POr eso sólo me quedo con la última frase del artículo.
    Besos a todos.

  2. Liu Xiaobo es eñ gran resistente a la dictadura china, doña Marthe, un defensor eminente de los derechos humanos, reconocido en todo el mundo aunque, evidentemente, no por todo el mundo. Estoy segurop de q

  3. …de que usted apoyaría esa causa tan justa, como en el trasfondo de la columna se hace. En cuando a los juegos del Nobel, estamos de acuerdo plenp: la Academia sueca no debería haberse metido nunca en ese berengenal de la política, lo que no quiere decir que se desprecie su influencia sino, solamente, que se prefiere la separación de funciones…

  4. Lo del Nobel de la Paz es para nota. Estoy de acuerdo con el cuestionamiento que se hace de la estrategia de la Academia sueca por más que el caso del militante chino sea una pena. Pero más de acuerdo aún con ja estoy en que la culpa es mayor por parte de las potencias muncuiales que se ven forzadas a cerrar los ojos ante los abusos de aquella tiranía.

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