No son nuevos los privilegios de los etarras en nuestras cárceles. ¡Hasta se ha brindado más de una vez en ella (¿ante la pasividad de sus guardianes y jueces concernidos?) para celebrar atentados asesinos! Otra cosa es, sin embargo, la fría concesión de privilegio tan singular como el de criar a su hijo en el trullo, que le ha concedido el juez a los verdugos del matrimonio Jiménez Becerril. O sea que los hijos de los Becerril han de criarse sin padres y los de los asesinos con todos sus avíos. Pues no. Eso no lo comprenderá nunca la sociedad como nunca se podrá entender tanta mano blanda con la canalla y tanto rigor para las víctimas. Se está premiando el crimen, así de sencillo, mientras se olvida la sangre vertida y el irreparable daño causado.

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