Ojalá fuera todo color de rosa, pero no lo es. Lo desmiente la reciente imagen sobrecogedora de esa patera al pairo y con once criaturas muertas a bordo; esa otra, tan triste, del hombre convaleciente de una grave cirugía abandonado en un banco de hierro o la del careto descomunal del malnacido que desde Andalucía entristeció a España entera con su negra saña. Y lo deja entrever, la esperanza –¿la inquietud?— de tanta gente asomada al futuro, las filtradas promesas del pacto político o los esfuerzos por hacer sitio a todos en el futuro Parlamento. Hay que confiar en que el año que viene, por estas fechas, podamos mirarnos a la cara sin sombras mayores.

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