Aspecto curioso del laberinto de las prejubilaciones falsas –pan nuestro de cada día—es el hecho de que los portavoces oficiales del Partido hayan sido reducidos al silencio más absoluto. Son otros y otras quienes hablan por ellos, sin duda porque el partido, que les confió el trabajo sucio de la leña y el insulto, se ha percatado de que, con esas únicas prendas, no harían otra cosa, si intervinieran, que empeorar la situación. Hay asuntos complejos y difíciles para los que el mero arsenal agresivo no basta y por eso los Jiménez del reparto mantienen la boca cerrada a la fuerza. Es la medida más discreta de cuantas ha tomado Griñán al respecto aunque deje en evidencia la miseria de los silenciados.

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