Arde el verano con la porfía sobre el cartel publicitario de la Junta contra la violencia doméstica, oficialmente llamada “de género”, porque en él aparecen las mujeres violentadas mostrando una sonrisa abierta en lugar de los tradicionales rasgos dramáticos. Como ven, un tema apasionante para las respectivas facciones partidistas pero, para la mayoría silenciosa, muy probablemente, una demostración más del polemismo en que se vacía nuestra vida pública. No se comprende esta fractura fatal de un frente –no solamente femenino– que debería cerrar filas en lugar de competir a la hora de enfrentar un problema tan terrible. Quizá sobran chiringuitos subvencionados –más de dos mil en Andalucía, al parecer–  y falta magnanimidad en un activismo incapaz de anteponer el grave interés general a sus apuestas de partido.

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