Los servicios de urgencia hospitalarios del SAS son, desde siempre, un agujero negro. Abarrotados y ruidosos, acogen ilimitadamente a los pacientes para entretenerlos luego con esperas interminables, por lo general durante largas horas. Dos inconcebibles muertes han tenido que producirse en ellos para que la consejería de la Junta admita esa lamentable realidad que hasta ahora disimulaba o negaba, y prometa una reforma inmediata en su funcionamiento. ¡Bien esta lo que bien acaba! Lo que sobra son protestas como ésa –oficial– que dijo antier que no hay que enviar a los ciudadanos un mensaje desmoralizador. ¡Pero si no es eso, sino señales de alarma dirigidas a la propia Junta! ¿O es que eran imprescindibles esas dos personas muertas en pleno abandono para poner orden en el clásico desbarajuste? Todo parece indicar que, tristemente, sí.

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