Una de las ocurrencias más extravagantes de la Junta autónoma es la que supone pagarle el piso a los altos cargos que hayan de desplazarse más de 60 kilómetros para acudir a su despacho en Sevilla, y largarles, por si fuera poco, un complemento para cubrir el coste fiscal del regalito. ¿Por qué un trabajador –cualquier trabajador– andaluz que encuentre empleo en la capital de la región ha de costearse su vivienda mientras los barandas le pasan la factura a la alcancía común? Ellos dirán que estamos hablando del chocolate del loro, pero sumen alquileres y años ya verán lo que nos llevan costados a los contribuyentes estos próceres sobrevenidos. No es por el huevo, es por el fuero: imaginen que pensarán del tema los miles de desahuciados que se ven con sus muebles en plena calle.

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