Hay quien dice que las bondades de la sanidad andaluza  –que las tiene– se deben a sus sanitarios y a se producen a pesar de los políticos. Ni entro ni salgo, pero constataré que mientras la Junta prolonga el contencioso con los profesionales de su medicina pública, éstos baten récords de eficacia, por ejemplo en el ámbito de los trasplantes de órganos y otros alardes científicos que, evidentemente, no responden a la providencia de la Junta sino al  saber y a la voluntad de los equipos médicos. En Andalucía se llevan a cabo intervenciones espectaculares mientras se mantiene la guerra entre el SAS y sus facultativos o se eternizan los usuarios en las listas de espera. Dicho sea a voz en grito ya que la Junta nunca lo reconocerá.

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